miércoles, 11 de mayo de 2016

Sobre textos escritos...

EXPOSICIÓN VIRTUAL SOBRE LA ESCRITURA

He aquí un documento amplio y variado, para ser degustado poco a poco... La escritura lleva muchos siglos presente entre las clases populares y entre las ilustradas. Se anotaban en cuadernos las cosechas, los jornales aportados, los nacimientos de los hijos o de las hijas, los animales y su evolución: si estaba preñada una cerda o una vaca; se anotaban los partos; si se vendía un animal; si se compraban aperos... Se escribían cartas de comunicación y afecto o de petición de ayudas; cartas desde la emigración o desde el frente de combate; cartas de petición de mano, de novedades en un viaje... Se escribían a mano las escrituras, las donaciones, los contratos, las compras y las ventas, etc. Y había quien escribía poemas, cuentos, textos amplios, narraciones que acababan siendo libros... Y todos y todas, comenzamos a escribir en la edad escolar y en la escuela (y si no todos y todas, una gran cantidad de personas no han podido olvidar sus escritos escolares, con más o menos afecto). Bueno, pues, esta exposición virtual invita a un recorrido por soportes e intenciones diferentes... Hoy, cuando la escritura está sufriendo profundos cambios, gracias o a pesar de las nuevas tecnologías, es muy recomendable que –gracias a ellas- podamos deslizarnos por muestras de distintas épocas que ofrecen un panorama complementario, curioso y didáctico. Apta para toda clase de públicos... 

Estupenda idea para mover al personal y realizar una recopilación de esos documentos familiares y montar una exposición local con textos de diferentes épocas...



“... Con ese fin hemos trazado un sencillo guión basado en las situaciones, espacios y circunstancias que más necesidad de escritura han generado entre las clases populares. El contenido específico de cada una de las secciones se explica en los textos que las introducen. El conjunto nos sitúa ante palabras escritas para anotar el fluir diario, el cotidiano escolar, los vaivenes de la adolescencia, la rutina del trabajo, los jirones del destino, la fuerza del amor, el desarraigo de una emigración forzosa, el trauma de una guerra o la inconsolable soledad de una prisión. Escrituras que registran las cuentas de una hacienda o de un negocio, el valor de una cosecha, las angustias económicas, los nacimientos y muertes de la familia o las incertidumbres del clima, en fin todo aquello que determina el día a día de las sociedades tradicionales. Apuntes de lo inmediato apegados al discurrir ordinario, con sus ritos y sus gestos. Escrituras, también, de la ausencia o conversaciones entre ausentes, al modo clásico, en las que se impone el deseo de mantener cauces de comunicación personal o familiar, hilos de unión en la lejanía, puentes de papel en la distancia. De ahí los millones de cartas y postales que cruzaron el océano entre finales del siglo XIX y la primera mitad del XX, las numerosísimas que recorrieron la geografía española durante la Guerra Civil y la II Guerra Mundial o las muchas que sirvieron y sirven para romper simbólicamente el aislamiento de una cárcel. A veces estos mismos extrañamientos desencadenan un hábito de escribir más sostenido, diálogos en la soledad derramados sobre un papel convertido en la mejor medicina frente a las zozobras de la vida. Naufragios que precisan del diario como terapia o simple refugio. Escrituras invisibles situadas al otro lado del espejo. Espejos de papel donde vernos reflejados para tratar de entendernos, saber lo que pensamos o desahogar el interior asfixiante. Diarios y memorias escritos en la habitación propia o en un espacio de reclusión donde la escritura nos hace algo más libres. En fin, páginas y fragmentos de memoria que se suman a los trazos indecisos o firmes pergeñados sobre un cuaderno escolar, allí donde comenzó la aventura escrita de muchos de nosotros y nosotras, cerrando el círculo de una trayectoria que transcurre, como la vida misma, desde la cuna a la sepultura. La escritura y la vida, que diría Jorge Semprún, unidas desde el principio al fin.” (Antonio Castillo Gómez)

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Y, a continuación, el enlace donde clicar para empezar esa atractiva visita virtual:



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